Palabras del director

Muy queridas familias:

Año a año vamos creciendo con nuestro colegio. Todos los días padres, profesores y

alumnos aprendemos nuevas cosas en una reciprocidad de trato continuo. ¿Cómo llevar a

cabo esta misión que cada uno tiene de formar a estos niños... y no tan niños? ¿Somos

conscientes que tenemos que dar forma a los caracteres de estos jóvenes para afrontar los

nuevos retos de este siglo? Para que estos aprendizajes sean fecundos y que el crecimiento del

colegio no salga torcido todos tenemos que luchar.

El colegio ha llegado a los 15 años. Es una edad en la que debemos consolidar nuestra

madurez y afianzar los conocimientos y el saber (y evitar las rebeldías). Y el paso del tiempo

que ha visto este crecimiento nos muestra que no ha sido azaroso ni caótico. El fin que se

proponían las familias que formaron este colegio iban más allá de los medios que se utilizarían

para alcanzarlo, teniendo muy claro que existía un camino, que había un fin, y que pasaba por

el esfuerzo personal de papás y profesores trabajando unidos y sin temor y sin necesidad de

hacer pruebas, porque el camino del cristiano está claramente delineado. Y nuestro desarrollo

se está alcanzando, y nuestra fisionomía material se ha ido consolidando y el esfuerzo de los

padres ya ha sido premiado en las generaciones de montemarinos que han pasado escribiendo

nuestra historia.

Educar en libertad, con responsabilidad, dando los conocimientos y la doctrina

necesarias: jóvenes que se sienten libres y pasan por esta vida llenos de una alegría real,

aquilatada y acrisolada, es el resultado de la formación que nos proponemos entregar en

nuestro colegio. Sabemos que "el fin pedagógico no es adiestrar para un tipo de vida. El

jardinero que cultiva rosas azules sacrifica miles de rosas con este fin"1, y nosotros queremos

evitar eso. Cada alumno tiene que desarrollarse y sacar a relucir todas sus potencialidades y

encontrar su camino, dadas sus cualidades y llegar a ser hombres de criterio. Junto a los

padres ayudamos formar a cada alumno, poniendo todo nuestro empeño en que sean

conscientes de su valía personal, y el papel que juegan y seguirán jugando en la sociedad,

abriéndoles un sin número de oportunidades de hacer el bien, y enseñándoles que tienen las

capacidades para realizarlo.

No somos ciegos ni tapamos nuestros ojos a nuestra realidad social, como comunidad

escolar inserta en una ciudad que pertenece a un país en el año 2013. La conciencia de vivir en

un mundo que cambia rápidamente, que se ha tecnologizado, es un desafío y no incomoda.

Las respuestas a las nuevas interrogantes las hemos abordado sin miedo, entregando las

respuestas oportunas y sabiendo que contamos con el respaldo de los padres que tratan de la

misma manera las mismas disyuntivas. Los ecos de políticas disgregadoras y culturas

hedonistas no penetrarán las almas de nuestros estudiantes porque no hay amenaza que

pueda ir contra unos alumnos cuyas familias luchan por estar cada día más unidas, familias que

se empeña por vivir con coherencia cristiana... que tiene claro como actuar, y el colegio

ayudará con criterio claro y doctrina segura. Y así, todos los aprendizajes de nuestros alumnos

no quedarán circunscritos al período escolar, sino que serán enseñanzas de toda la vida y para

toda la vida.

 

1 V. García Hoz, La educación y sus máscaras (Entre el pragmatismo y la revolución). Real Academia

Morales y Políticas, Madris, pp. 1 y ss.

 

Atentamente,

Hernán D. Carvallo Cruz
Director